Reseña "Tras el fin del mundo".

¡Es el fin del mundo! ¡Y por tormenta de rayos! Es lo que cuenta Juanma Hinojal en su novela Tras el fin del mundo, publicada por Terra Ignota Ediciones. Pero no adelantemos acontecimientos y, como diría Jack, el Destripador, vayamos por partes.

Porque ante todo, no estamos ante una sola historia. Este libro esta estructurado de tal manera, que se puede afirmar que al lector se le vende tres historias por el precio de una, un robo de guante blanco, seguido de una odisea postapocalíptica y terminado con un (?). 

Narrada en pasado y en tercera persona, si algún defecto tiene esta historia, es su principio. Es un relato que tarda en arrancar, pero su minucioso sembrado es más que necesario para que el lector pueda disfrutar del resto del libro. Además, los clifhangers, situados estratégicamente al final de muchos de los capítulos, animan a que el lector continúe con el libro. En esta primera historia, se nos relata los progresos de un grupo de ladrones de guante blanco liderados por Jeremy Darwin, especializado en forzar cerraduras y cajas fuertes. El objetivo del robo es hacerse con un gran botín. Se trata de toda la recaudación de Estados Unidos de su campaña de Navidad. Todo ese efectivo se reúne, para su posterior distribución, en el banco de Columbus, Nebraska. Y solamente durante la Noche Buena. Así pues, se nos describen los minuciosos preparativos del equipo de Darwin para poder acceder a esa cámara acorazada. Se trata de un elaborado preparativo que no tiene nada que envidiar a una de los operativos de Misión Imposible.

Paralelamente al desarrollo de la trama del robo, se cuenta la bochornosa cena de Noche Buena de Sam Stone, la cual cumple arresto domiciliario en casa de sus padres, en Barnesville, Georgia. Sam es la novia de Darwin y el cerebro detrás del golpe al citado banco de Columbus. No obstante, consigue eludir la agobiante vigilancia de sus sufridos progenitores para seguir las progresiones del robo a través de un ordenador portátil modificado, que esconde en el búnker antinuclear existente en el sótano de la casa; un cariñoso recuerdo de los tiempos de la Guerra Fría.

El robo de Darwin se va desarrollando según los designios definidos por Stone. Pero por fin, cuando consiguieron apoderarse de tan jugoso botín navideño, un veterano policía, el mismo que había capturado a Stone y llevaba meses investigando el grupo de Darwin, entra en escena y moviliza a los efectivos locales para ir detrás de los ladrones, que se ponen en fuga en su furgoneta. Tiene lugar entonces una desenfrenada y frenética persecución automovilística, a través de una Columbus navideña y sacudida por los efectos secundarios del atraco al banco, en donde se suceden varias situaciones insólitas, del tipo de que de pronto se mete en medio una furgoneta adornada con luces navideñas, cantando un repetitivo Jingle Bells, y coronada por un trineo, con Santa Claus y renos incluidos, que de repente se le avista salir volando tras un brutal choque fuera de escena.



Sin embargo, justo cuando el grupo de Darwin consigue dejar a la policía atrás y salir de Columbus, estalla la catástrofe. De la nada surge una tormenta de rayos que cubre todo el planeta y arrasa con todo. Aquí tengo que contar lo que sucede en el capítulo doce de este libro de cuarenta y tres episodios. En este capítulo, que es el más largo de todo el libro, Hinojal cambia radicalmente de registro y pasa a describirnos esta devastación eléctrica a nivel mundial. Además de Columbus y Barnesville, el autor cuenta cómo la tormenta se ceba en otros enclaves del planeta, como en París, Washington DC, el valle del Omo en Etiopía, Los Ángeles, Guiza, Tokio, Plasencia, Nueva York, Moscú, Hamburgo, Sídney y Chicago. Lejos de narrar la misma historia varias veces, pero en diferentes lugares, Hinojal nos regala una serie de microrrelatos ambientados en tan nefasta Noche Buena, protagonizados por personajes anónimos, o no tan anónimos, para que el lector verifique la implacable devastación causada por esta tormenta a nivel global. Un destructor fenómeno, capaz de contradecir las leyes físicas que regulan el comportamiento normal de un relámpago, que acaba con casi toda la población mundial en una sola noche y que se prolonga, como descubrirán los escasos supervivientes, durante los siguientes meses.

En este día de Navidad, plagado de ruinas cenicientas, despiertan Darwin y Sam. Y los dos, sin saber a ciencia cierta si el otro está todavía con vida, y sin ni siquiera saber si la destrucción de los rayos es a nivel local o mundial, deciden cruzar el país, iniciando así una odisea postapocalíptica, en un paraje salpicado por por la fauna humana propia de este tipo de novelas de después de la Bomba, y bajo un cielo constantemente encapotado y preñado de rayos, que truenan amenazando con descargar sobre la superficie sin el menor aviso.

De entre los peligros que Darwin y Sam se encuentran en su odisea bidireccional, claro está que destaca la presencia de otros seres humanos que, lejos de ayudar a los protagonistas, se obstinan en hacerles la vida imposible, ya sea por un motivo o por otro. Entre esta gente, quería destacar la de ese grupo de supervivientes que, al saquear las ruinas de un centro comercial, comienzan una absurda pelea entre ellos para quedarse con los últimos paquetes de papel higiénico. Es un escenario que, de haber sido escrito en  la época prepandémica, resultaría ridículo; pero no lo es para los que hemos vivido el confinamiento del 2020. Todavía hoy en día me asombro del desmesurado acopio de papel higiénico que ha tenido lugar el día previo al confinamiento decretado por el Gobierno.

También quería destacar lo mucho que ayuda tener buena compañía en el fin del mundo. En el caso de Darwin, con él viaja Richie Miller, el hacker del grupo de ladrones. Este joven, a pesar de  tener diecinueve años, es una enciclopedia con patas de la cultura pop, incapaz de dejar citar una referencia cinéfila cada cinco minutos. Referencias ochenteras que ayudan a Darwin a resolver los problemas que surgen en su camino, además de que facilitan al lector a obtener una mayor comprensión de las sucesivas situaciones descritas.

Tres cuartos de lo mismo sucede con Stone, la cual está acompañada por Miranda, su mejor amiga y recientemente reconvertida en una gótica. Gracias a Miranda y a su perspectiva siniestra-realista del entorno postapocalíptico, Sam puede salir adelante en su desesperado viaje por reencontrarse con Darwin.

Me falta hablar de la tercera historia, la que he definido más arriba como (?). Pero no puedo hablar de ella sin hacer un innecesario destripe del tercer acto de este libro. Pero diré que Tras el fin del mundo no es el típico libro español de ciencia ficción. Ya saben, me refiero a esos libros, normalmente de temática apocalíptica, en donde pasa una cosa muy rara y muere mucha gente por ello, pero al final, el lector se queda sin saber por qué ha pasado. (Supongo que es una reminiscencia de la Guerra Civil, que también ha sido una cosa muy rara y en donde murió mucha gente y, a día de hoy, noventa años después, no se sabe muy bien por qué ha pasado). En el caso de este libro, SÍ se cuenta el porqué. Y a partir de este , ¿aparentemente?, fortuito descubrimiento, se desarrolla una trepidante trama final, en donde Richie no para de largar referencias cinéfilas, para mayor comprensión del lector, de la insólita historia que se le pone ante sus ojos. Se trata de una asombrosa resolución final que hace que Tras el fin del mundo me recuerde a otros libros que he leído, como Los supervivientes del Arca de Gorka Pera Seijo (Ediciones Atlantis), o la de Último Superviviente.

A la hora de elegir la canción para la presente entrada ilustrada-musical, he tratado de apartarme de los villancicos de Bing Crosby, y otras referencias ochenteras de Richie, para centrarme en este tema de The Proclaimers, canción que Darwin y Miller cantan a capela de manera espontánea, para intentar animarse hacia la recta final de su desesperado viaje en busca de Stone, tratando de no tacharla como fallecida.




¿Conseguirán Sam y Jeremy reencontrarse? ¿Qué es lo que provocó la tormenta global de rayos? ¿Habrá alguna manera de cancelar el apocalipsis? Descubran las respuestas a estas, y otras preguntas mucho más inquietantes e interesantes, leyendo Tras el fin del Mundo, escrito por Juanma Hinojal y publicado por Terra Ignota Ediciones.

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