Reseña "Perdido en su memoria".

¡Fulminado por un rayo! Es lo que le ha sucedido a un empleado de banca en el Nuevo York de 1955. Y es lo que se cuenta en el prefacio de la novela Perdido en su memoria, escrita por Salvador Vega Alarcón y publicada por Terra Ignota Ediciones.

La novela arranca con un hombre despertando amnésico bajo el rocío matutino y en medio de un trigal. Desorientado, perdido y sin saber quién es él, deambula por una carretera hasta alcanzar una estación de servicio, en donde trabaja Betty, una camarera que no tarda en ayudarle a investigar para esclarecer quién es este tipo y cómo ha llegado a ese pueblo agrícola del estado de Oklahoma.

Hay que señalar que este desmemoriado no reconoce algunos de los objetos que le rodean, empezando por los modelos de automóviles más modernos del entorno. Resulta ser muy clarificador que no haya oído antes la canción What a wonderfull world de Louise Armstrong, que suena en la vieja gramola de la estación de servicio; lo digo porque se trata de una canción que ha sido lanzada a finales de los años sesenta del siglo XX. Y lo que es más revelador; el amnésico no reconoce los teléfonos móviles, provistos de pantallas táctiles, que llevan Betty y sus amigos. Si a todo ello se le suma que ese hombre guarda en el bolsillo trasero de su pantalón una licencia de conducir de los años cincuenta y que en cuya foto, aparece la cara de este individuo, pero sin haber envejecido desde entonces, se llega a la conclusión de que este tipo ha sido arrastrado en el tiempo desde 1955 hasta el 2017.




A pesar de que no se menciona la Relatividad Restringida a lo largo de las algo menos de doscientas páginas de este libro, el lector ya familiarizado con la física relativista ya adivinará lo que le ha pasado a este hombre a estas alturas del relato. De hecho, yo no he podido evitar de acordarme de la película de Buzz Lightyear o de la ochentera El vuelo del navegante, en donde el niño protagonista de esta última sufre una experiencia semejante a la del misterioso protagonista de Perdido en su memoria. No obstante, se entiende todo lo que sucede en este libro. Todo, excepto, quizá, la reacción huidiza de Betty, cuando sospecha que las Autoridades, personificadas en una pareja de agentes del FBI, pretenden atrapar a este hombre para interrogarle. No sé por qué Betty decide fugarse con él, iniciando así un viaje a Nueva York en donde intentarán esclarecer la verdadera identidad del desmemoriado. No sé, quizá esta camarera actúa así porque ha visto demasiados capítulos de Expediente X y es la típica norteamericana paranoica que no se fía del FBI ni de ninguna otra organización gubernamental.

No obstante, esta fuga en pareja supone el inicio de una historia de amor entre el desubicado hombre de mediados del siglo XXI y la audaz camarera de principios del XXI. Porque, no lo duden, estamos ante una novela románica que parte de una base de ciencia ficción, en donde se describe una relación amorosa que no tarda en ser truncada por extraños efectos fisiológicos que este pasajero en el tiempo empieza a experimentar en su organismo...

Aparte del citado tema de Louis Armstrong, hay otra canción que se menciona en este libro y que he seleccionado para ilustrar las presente entrada. Se trata de Message in a bottle de Police, que viene bien para ambientar la confusa travesía de este hombre en el mundo del siglo XXI.




¿Quién es este hombre? ¿Cómo ha aparecido en la Oklahoma de 2017 tras haber desaparecido de la Nueva York de 1955? ¿Dónde ha estado en todo este tiempo? ¿Por qué no ha envejecido? ¿Será arrestado por el FBI? ¿En qué consisten esos efectos fisiológicos que afectan al organismo de este hombre? ¿Y qué le pasará a Betty? Descubrirán las respuestas a estas, y a otras preguntas mucho más inquietantes, leyendo Perdido en su memoria, un libro de Terra Ignota Ediciones escrito por Salvador Vega Alarcón y que, además, presenta un prólogo firmado por JD. Oldman y poemas de Sonia Jiménez Cuevas y Concepción Sánchez García.

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