Reseña "La historia de Ipypher entre violetas".

Después de haber pasado una agradable tarde en el campo irlandés, en compañía de su abuela, la pequeña Ailish es testigo de cómo su madre empuja a la abuela por las escaleras abajo. Con este crimen tan cruento empieza La historia de Ipipher entre violetas, una novela escrita por Marina Echevarría y publicada por Con M de Mujer.

Estamos ante una de esas obras que está escrita en tercera persona y mayormente en tiempo presente. Pero no porque la autora venga del mundo del guion audiovisual, como ya explicaré al final de esta entrada. Se trata de una novela de ciencia ficción blanda, en donde la autora está más interesada en describir las relaciones personales entre los distintos personajes, que en centrarse en una tecnología que se da por sentada, ya que la trama principal tiene lugar en el siglo XXVI. De hecho, no aparece ningún elemento técnico hasta el inicio de la tercera parte del libro. Pero no adelantemos acontecimientos y, como diría Jack, el Destripador, vayamos por partes.



En la primera parte, además del crimen ya descrito, se nos cuenta cómo Ailish, influenciada por el matricidio provocado por su madre, hace la carrera de psicología para fundar el Centro Drana, una institución destinada a tratar el síndrome de las madres tóxicas y maltratadoras, además de pretender encauzar las vidas de hombres que, a pesar de ser asquerosamente ricos (o puede que precisamente por ello), no ha logrado encontrar sentido a sus respectivas existencias.

Sin embargo, la mayor parte de la trama se desarrolla en otras dimensiones apartadas de la Tierra, pues Ailish presenta una extraña conexión onírica con las islas imaginarias de Amenara, Issifos y Vendrús. En Amenara se desarrolla el resto de la primera parte, en donde Ipipher forma parte de un grupo de mujeres guiados por la maga Drana, una suerte de secta celta, en donde realizan rituales para averiguar qué habían sido en las vidas pasada y qué es lo que les depara en el futuro. Se habla tanto de ruedas kármicas, influjos planetarios, planos astrales, mineralogía mística y años telúricos que, más que de una obra de ciencia ficción o ficción científica, parece que estamos ante una obra de astrología ficción o ficción astrológica. También es en esta parte en donde Ipipher recuerda que en una vida pasada había sido cruel, cuando estuvo en el siglo XXI, en el año telúrico del 2028, con un látigo en mano para obligar a construir unos castros en Irlanda; como quién dice, un suceso que pasará mañana de madrugada.

En la segunda parte, Ipipher y algunas de sus amigas viajan de Amenara a Issifos, en donde se funda una comunidad en torno a un asentamiento de cabañas colgantes. Por su parte Ipipher se muda a Vendrús, para casarse con su viejo mentor. Es en esta parte en donde se nota que la autora está más interesada en describir las relaciones entre los personajes, incluyendo las eróticas-amorosas, que en recrearse en los detalles técnicos (como puede ser el origen artificial, o mágico, de la isla de Vendrús). Y ello es debido a que se forman varias familias mezcladas a lo largo de esta segunda parte, cuyos retoños serán indispensables en la resolución de la tercera y última parte. Un ejemplo de ello está en la vida amorosa de Ipipher, que se desarrolla a la par a una existencia profesional que apenas se describe, pero se va adivinando a qué se dedica este personaje central a medida que progresa la historia. Debido a su orientación bisexual, muy común a estas alturas del tercer milenio, Ipipher empieza siendo la pareja de Lua, la cual termina siendo la líder de Issifos. Cuando Ipipher se muda a Vendrús, se casa con su mentor, que también se llama Vendrús, porque ha sido él el que ha creado esta isla y su próspera e incipiente civilización. Sin embargo, Ipipher tiene hijos, pero no de Vendrús, sino de Ghiza, su joven amante. Los niños son unos gemelos que se llaman Idris y Nela, y existen porque Vendrús ya iba viejo y enfermo para concebir hijos propios, y permitió que Ipipher tuviera un amante con este fin. Por su parte, Ghiza, al sentirse despechado, se muda a Issifos, donde empieza su propia vida. Mientras tanto, Ipipher enviuda de Vendrús, lleva sus negocios para mayor prosperidad de la isla homónima y, finalmente, Ipipher termina de nuevo emparejada con Lua.

Si me han seguido hasta ahora y si yo he podido escribir el anterior párrafo, ha sido gracias a que la autora ha añadido un glosario al final del libro, en donde se menciona por orden alfabético los nombres de los personajes, sus funciones en la obra y sus relaciones de parentesco con otros actores. De hecho, Ipipher no es la protagonista absoluta de este libro. Hay otros personajes femeninos, también provenientes de Amenara, que gozan de sus líos amorosos y fundan sus propias familias aparentemente desestructuradas. Y para añadir mayor confusión, Idris y Nela no son los únicos gemelos que aparecen en la trama. Hay otros pares de gemelos, idénticos o mellizos, de diferentes generaciones, y que también tienen una participación importante tanto en el desarrollo como en la conclusión de la trama.

Pero no todo es buen rollo, idilios amorosos y familias fundadas por mujeres bisexuales en este libro. Esta historia también presenta su reverso tenebroso representado en los hombres de Mendrusken, líder de una civilización patriarcal que ha explotado los recursos de su isla hasta agotarlos, y que amenazan con invadir Vendrús, Issifos y Amenara. Aquí es cuando tengo que mencionar que en la civilización de Issifos se había fundado un comité de Librepensadores, el cual no tardó en ser corrompido por infiltrados enviados por Mendrusken, creando una incomoda polarización que le resultará muy familiar al actual votante democrático.

Esta segunda parte culmina con un preludio a un enfrentamiento bélico que tiene lugar en el primer capítulo de la tercera parte. Aquí, por fin, la autora describe varios adelantos tecnológicos que ambos bandos utilizan para resolver la contienda. Por parte de los Mendrusken, su fuerza física apoyada por sus lanzas-láseres incendiarias y su caballería de corceles de cristal con alas transformables y vísceras de rayos láser. Y Vendrús se defiende del ataque invasor con la ayuda de un cultivo de violetas de efectos soporíferos, y la invocación de un imparable Deus Ex Machina a través de la túnica púrpura de Ipipher. Una túnica del que el lector puede intuir su origen místico, si tiene en cuenta la participación de cierto personaje histórico en la trama...

Tras la batalla, la novela concluye con los sucesivos viajes, a la Tierra del siglo XXVI, de varios hijos de las distintas familia fundadas a lo largo de esta novela. Con la finalidad de diseminar varias semillas que darán lugar a sendos árboles místicos, que conectarán las dimensiones de las islas imaginarias con la Tierra. También es en esta parte en donde, de la mano de estos viajeros, se termina de escribir el diario de Ipipher, cuyo título termina siendo La historia de Ipipher entre violetas, lo que explica por qué esta novela se denomina así y por qué está mayormente escrita en conjugación presente, en una trama en donde el pasado y futuro se entrecruzan en el presente.

¿Conseguirá Ipipher acabar con Mendrusken? ¿Cuál es el origen de su túnica púrpura? ¿Y qué tiene que ver la psicóloga Ailish en esta trama multidimensional? Descubran las respuestas a estas, y otras preguntas más asombrosas, leyendo La historia de Ipipher entre violetas, escrita por Marina Echevarría y publicada por Con M de Mujer.




Comentarios

  1. Muchas gracias Eugenio por tu análisis de la lectura tan interesante. La conexión entre diferentes caracteres de las mujeres y los hombres, así como los diferentes mundos que habitan , se unen en la obra para bajar a la Tierra experiencias del inconsciente colectivo. Es la historia de múltiples mujeres ayudándose y creando nuevas y diferentes realidades o formas de ver la vida con esperanza. También, habla del amor universal. Para recordar que No estamos solos en esta macrouniverso. La astrología es una de mis pasiones. Se refleja en esta obra el sentido de la existencia mediante la energía de.los planetas. Abrazos.

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