Reseña "Aquello que sobrevive".

Perseguido por un dron asesino que acabó despertando accidentalmente, mientras rebuscaba en la chatarra de un cementerio espacial. Es lo que le pasa al capitán Janos H. Simons en el primer capítulo de Aquello que sobrevive, la space opera escrita por Juan Michel G. S. Sánchez y publicada por Terra Ignota Ediciones. Se trata de una novela redactada en el 2017 y que resultó finalista en el Certamen Isaac Asimov del 2021. Y se nota. Pero no adelantemos acontecimientos y, como diría Jack, el Destripador; Vayamos por partes.

La acción de Aquello que sobrevive transcurre en un futuro en donde la humanidad se ha esparcido por toda la galaxia gracias a la tecnología subespacial desarrollada por la Corporación Geika.  Se trata de un avance tecnológico que permite generar gravedad artificial dentro de las naves espaciales, además de posibilitar los viajes interestelares instantáneos, sin las limitaciones impuestas por la velocidad de la luz y sin los inconvenientes de la física relativista. Además, esta tecnología también hace posible la transmisión de mensajes en tiempo real entre los distintos sistemas estelares.

Ahora bien, como la Corporación  Geika dispone en exclusiva de la patente de esta tecnología, llegando a mantener en secreto su misterioso origen, el desarrollo de este invento revolucionario le ha permitido prosperar hasta límites insospechados, absorbiendo a las demás corporaciones de la Tierra y monopolizando una economía global que no tardó en volverse galáctica, con la explosiva proliferación de los viajes interestelares. Y lo más catastrófico del asunto. A pesar de que esta nueva tecnología ha dado lugar a una nueva era energética , que ha permitido abandonar definitivamente  el consumo de energías fósiles, la fabricación de los nuevos núcleos de energía exige un gran consumo de agua que, encima, la contamina irreversiblemente, sin ninguna posibilidad conocida de depuración. Este último detalle es lo que provocó una migración masiva final desde la Tierra, huyendo de un planeta letalmente intoxicado, hasta las colonias ya desperdigadas por la galaxia.

Y para más inri, las corporaciones declararon una guerra interestelar contra las colonias, en donde estas últimas perdieron y la potente corporación Geika terminó asentándose en el poder, al asegurarse el monopolio de todos los recursos de la galaxia.




En esta  época de posguerra malvive el capitán Janos H. Simons, veterano del bando colonial que actualmente subsiste como Cazador; aunque sería más preciso decir que es un quincallero que deambula por las colonias fallidas y los antiguos campos de batalla espacial reducidos a levitantes cementerios espaciales. Comanda la Gradius, una nave espacial que funciona con una reducida tripulación; además del capitán, está Daniel LaMarr, otro veterano colonial, un ingeniero que ha sido mutilado brutalmente en la guerra y que tiene que desplazarse por el interior de la nave colgado de un arnés sujetado a un raíl del techo. Y por último, pero no por ello menos importante, Michiko Naruke, una avanzada ginoide que realiza las funciones de asistente para el capitán. Con esta tripulación de tres personas, Simons viaje por la galaxia a bordo de la Gradius para saquear enclaves abandonados y poder comercializar con las piezas útiles extraídas.

La trama arranca cuando Simons huye del dron asesino mencionado al principio de la presente entrada. Tras un salto subespacial realizado por los pelos, la Gradius se materializa ante un carguero abandonado, en donde tiene que vérselas con una metamorfa amenaza biológica...

A partir de aquí, G. S. Sánchez nos lleva de viaje por una galaxia salpicada por enclaves que sobreviven al borde del colapso, con recursos limitados para los coloniales, o contralados por la Corporación Geika. El lector visitará Estercolero, una colonia alojada en el interior de un astro perforado, que no se cae a pedazos gracias a las constantes reparaciones de supervivencia de sus variopintos habitantes, en donde los niños juegan alegres por la calles. En contraposición, está la Colmena, la actual sede de la Corporación Geika, una estación especial de lujo que acoge a los habitantes más ricos de la galaxia y que orbita Nuevo Eden, un planeta en pleno proceso de terraformación.

Sin embargo, tal como el autor nos va desgranando, tanto en el bando colonial como en el corporativo, las cosas no van bien. Es cierto que a los coloniales les faltan recursos, sobre todo los proporcionados por la tecnología subespacial, pero por lo menos, saben sacar partido lo poco que tienen, aunque sea porque les va la vida en ello. En cambio, a pesar de que los corporativistas tienen a su disposición todos los recursos de la galaxia, parecen tener dificultades para gestionarlos correctamente. Un ejemplo de ello sería los procesos de terraformación financiados por los ilustres inquilinos de la Colmena, que resultan fallidos porque, hay tanta prisa por mudarse a un planeta habitable, que los ingenieros al cargo no saben cómo hacer frente a las distintas e imprevistas dificultades ambientales con  que se topan...

Estamos, pues, ante una novela muy entretenida y muy recomendable, sobre todo para fanáticos del género de ciencia ficción, en donde hay de todo. O casi de todo. Porque, emulando a Isaac Asimov, en donde sus novelas de la Fundación están ambientadas en una galaxia habitada únicamente por seres humanos, sucede tres cuartos de lo mismo en este libro de G. S. Sánchez. Echo en falta la presencia física de inteligencias biológicas no humanas en toda esta historia. Pero tengamos en cuenta que esta obra ha sido escrita en 2017, e intuyo que empezó a escribirse antes de los descubrimientos de todos esos exoplanetas que resultan ser más viables para acoger vida. Ya sea para que su relato fuese más plausible, o para justificar el drástico curso de acción de las diferentes organizaciones descritas, el autor nos muestra una galaxia en donde el ser humano es la única especie que realiza viajes interestelares, y no para de dar tumbos porque no logra encontrar un planeta viable, con las condiciones idóneas para acoger vida específicamente humana. Aunque entiendo que añadir a ET en este cóctel explosivo podría complicar demasiado la trama. Ya añaden bastante complejidad las evoluciones de Michiko Naruke y la demás IA implicada en este relato, pòr no hablar de las intrigas políticas de La Colmena o las conspiraciones en Estercolero.

No obstante, no puedo evitar apreciar similitudes entre lo que se cuenta en esta novela y lo que se vive en el mundo real, empezando por la sustitución de la energía fósil por la tecnología subespacial. Se parece demasiado a lo que está pasando hoy en día, en relación a la (¿inevitable?) contaminación resultante de las tierras raras, indispensables para que dejemos de depender definitivamente de la energía fósil. Por no hablar de muchas de las decisiones tomadas por los dirigentes de la Corporación geika, más interesados en presentar un buena imagen ante sus ilustres clientes, reduciéndolos de paso en consumistas esclavizados. Me recuerdan mucho a esos directivos de empresas tecnológicas que están convencidos de que las tarase de diseño de un nuevo producto desaparecen por arte de magia al despedir al técnico que ha alertado sobre el citado defecto.

Entre amenazas biológicas de diseño, la brutal hostigación de las fuerzas corporativistas, conspiraciones revolucionarias, asesinos a sueldo enviados por la Geika, referencias a Blade Runner, sueños de origen subespacial, avanzadas inteligencias artificiales, escaramuzas de alta tecnología y los peligros inherentes de vivir en el espacio exterior, Simons termina por descubrir que el ejército colonial se ha recompuesto, reclutándole en el  acto para comandar una misión muy importante; el asalto a La Colmena.

Para ambientar la presente entrada con el consabido tema musical de turno, he echado mano de las canciones mencionadas en este libro, coleccionadas por Simons y que remarcan el tomo melancólico que impregna esta obra y que se notaría mucho más si quitásemos a un lado las trepidantes escenas de acción y de batallas espaciales. Así pues, se mencionan temas de Creedence Clearwater Revival, Led Zeppelin, Fleetwood Mac, The Platters o Elvis Presley. Para la presente entrada, he decidido insertar una canción psicodélica de Isao Tomita, que viene bien para ambientar esta trama de space opera.



¿Conseguirá Simons asaltar La Colmena? ¿Habrá una segunda guerra entre Corporaciones y Coloniales que provocará la extinción de la Humanidad? ¿Y de dónde ha salido la tecnología del subespacio? Descubrirán las respuestas a estas, y otras muchas preguntas, leyendo Aquello que sobrevive, escrito por Juan Miguel G. S. Sánchez y publicado por Terra Ignota Ediciones.

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