Reseña "Reina de la Nieve".

¡Bienvenido al planeta Tiamat, viajero-lector de mundos exóticos! Es el planeta en donde sucede la mayor parte de la trama de Reina de la Nieve, libro escrito por Joan D. Vinge en 1980.

Nos encontramos en una época posterior a la caída del antiguo imperio galáctico, unos mil años después. En lugar del imperio, gobierna la Hegemonía, una especie de alianza interestelar de civilizaciones avanzadas, que prospera a pesar de carecer del tecnológico y político paraguas imperial. En este tiempo, Tiamat es un mundo atrasado, que solamente se sostiene gracias a la explotación del Agua de la Vida, un producto extraído de la sangre de una forma marina de vida nativa, tras su sacrificio. Gracias al Agua de la Vida, los más ilustres personajes de la Hegemonía pueden prolongar su vida durante siglos enteros, porque este elixir es capaz de bloquear el proceso de envejecimiento. Y cuando digo que son los personajes más ilustres, me refiero a que son los más ricos y poderosos. A cambio de poder disfrutar de esta vida alargada, Tiamat puede comercializar con los mundos de la Hegemonía, consiguiendo así beneficiarse de las ventajas de la ciencia y tecnología traídas por los espacianos.

Tiamat es un mundo predominantemente marino, dividido en dos regiones. Estival se extiende en la zona ecuatorial, hacia el sur, y su población vive dispersada por islas y archipiélagos. Los estivales subsisten gracias a la pesca y apenas conocen la tecnología y, a priori, no tienen intereses en valerse de ella. No sucede lo mismo en Invierno, mayormente continental y situada al norte. Sin la tecnología traída por los comerciantes de la Hegemonía, los invernales no serían capaces de soportar tan bajas temperaturas. De aquí que la mayor parte de la tripulación de Invierno se concentre en su capital, Carbunclo, una especie de costra urbana anclada en la costa occidental. Como se permite el mercado libre en esta ciudad, Carbunclo es una versión magnificada y galáctica de Las Vegas, en donde cualquier visitante, si dispone del saldo suficiente, puede encontrar lo que quiera y hacer realidad cualquier deseo, incluyendo los más prohibitivos o inmorales.

Y aquí es cuando aparece la pega. Debido a la pérdida de información científica acaecida durante la caída del antiguo imperio galáctico, ya nadie sabe cómo fabricar vehículos con capacidad supralumínica. Por esta razón, la única manera de viajar a Tiamat es a través de la Puerta Negra. Se trata de un agujero negro localizado en el cúmulo estelar en donde se sitúan los Gemelos, los dos soles orbitados por Tiamat. Con una sencilla nave espacial, que disponga de un astrogador entre su tripulación, capaz de resolver las ecuaciones matemáticas necesarias, se puede viajar a través de la Puerta negra hasta Kharemough, el mundo de la Hegemonía más próximo.

Pero la Puerta Negra solamente es operativa durante un periodo de 150 años. Porque al finalizar esta época, la estrella Estival se acerca tanto a la Puerta Negra, que altera su gravedad, volviendo peligrosos los viajes a través de ella. Asimismo, esta influencia gravitatoria también potencia la actividad solar de los Gemelos, elevando la temperatura de Tiamat. Y teniendo en cuenta que la Hegemonía presenta una estricta política de que los mundos atrasados se mantengan así (aunque sea con el pretexto de que no desarrollen tecnología atómica capaz de autodestruirlos en una absurda guerra mundial), las relaciones comerciales de la Hegemonía con Tiamat se cortan por lo sano durante otro periodo de unos 100 años, que es lo que dura la influencia de la estrella Estival sobre la Puerta Negra. Por este motivo, los espacianos e invernales migran en masa a la Hegemonía, dejando a Invierno bajo la potestad de los estivales, porque la pesca también se desplaza al norte, buscando aguas no caldeadas por la alterada actividad solar de los gemelos.



Durante unos mil años, hubo cuatro reinas invernales que gobernaron en Tiamat gracias al Agua de la Vida, lo que les proporcionaba la capacidad de vivir durante los 150 años de sendos reinados. Arienrhod es la reina que protagoniza este libro, la cuarta, y que está viendo con preocupación cómo la estrella Estival vuelve a aproximarse a la Puerta Negra, con todo lo que ello conlleva. Desde su palacio en Carbunclo, empieza a urdir diferentes planes para poder prolongar su reinado (y su vida), durante el próximo reinado de los estivales en Tiamat.

Y entre esos planes, está la concepción de una hija clónica. Valiéndose de una fiesta de tintes carnavalescos, que sucede, más o menos, cada veinte años en Carbunclo, en donde estivales, invernales y espacianos se cruzan en una enmascarada celebración de carácter orgiástico, Arienrhod, con la ayuda de un médico espaciano, inyecta nueve embriones, clones de la reina, en sendas mujeres estivales.

Este es el origen de Luna Caminante del Alba Estival. Ignorante de ser la clon viable y supervivente de la reina de Invierno, Luna vive como una estival más, en su isla y de la pesca, en compañía del amor de toda su vida, su medio primo Destellos Caminante del Alba Estival, también concebido en esa festividad, al última antes de la clausura de la Puerta Negra. Sin embargo, al no estar directamente controlada por la reina, Luna emprende su propio camino. Para empezar, se une a la orden de las sibilas, una especie de médiums provenientes de la época del antiguo imperio, capaces de proporcionar la respuesta adecuada al entrar en trance, siempre y cuando que se le haga la pregunta apropiada. Y al convertirse en una sibila, debido a una superstición (¿justificada?) que impide que las sibilas no se emparejen con alguien fuera de la orden, Luna tiene que romper con Destellos. Esta dolorosa decisión hace que Destellos migre a Carbunclo en busca de una vida mejor.

Meses más tarde, al no saber nada de Destellos, es la propia Luna la que decide viajar a Carbunclo en busca de su medio primo. Es entonces cuando Luna, sin comerlo ni beberlo, por culpa de los chanchullos de unos contrabandistas espacianos que se cruzan en su camino, es arrastrada a un viaje interestelar a través de la Puerta Negra, que la llevará a visitar el avanzado planeta Kharemough. Y aquí viene la parte más interesante y flipante de esta novela. Luna descubre muchas cosas sobre Tiamat, Kharemough, el antiguo imperio galáctico y las sibilas en este viaje. Y entre otras cosas, también descubre que su viaje interestelar está afectado por la física relativista, porque su traslado de dos meses de duración equivalen a cinco años en Tiamat, justo cuando la Puerta Negra está a punto de clausurarse. Lo que obliga Luna a volver cuanto antes a su planeta natal para reencontrarse con Destellos, presuntamente atrapado en el peor antro de Carbunclo...

A pesar de ser un libro de más de cuatrocientas páginas, Reina de la Nieve es un relato que me ha resultado muy fácil de leer y que hace las delicias de los lectores incondicionales de ciencia ficción. Contado en tercera persona y desde la perspectiva de distintos personajes, está tan plagado de culturas planetarias, alienígenas, humanos de todas las razas, robots y demás artefactos científicos-técnicos, que el aficionado a la ciencia ficción encontrará las influencias de Reina de la Nieve en obras posteriores de los años ochenta, noventa y del siglo XXI. Con Arienrhod y Luna intercambiando sus roles de protagonista-antagonista, y apoyado por un reparto coral de pintorescos y exóticos personajes, Vinge nos narra un relato situado entre las historias de Terramar de K. Le Guin y la saga de la Fundación de Asimov. Mayormente dialogado, para que el lector pueda aprender sobre este universo al mismo tiempo que Luna, hay que destacar la presencia de frases en cursiva que aparecen en medio de los diálogos o de algunos párrafos, en donde se plasman los pensamientos del personaje de turno. Lo que convierte algunos diálogos en auténticas partidas de ajedrez, en donde se demuestra que el conocimiento es poder, motivo por el que muchas veces hay que dosificar la información, o guardarla, según convenga.

¿Conseguirá Arienrhod prolongar su reinado? ¿Logrará Luna regresar a tiempo a Tiamat para reencontrarse con Destellos? ¿Podrá la Hegemonía conservar su poder sobre Tiamat? Encontrará las repuestas a estas, y otras muchas preguntas, leyendo Reina de la Nieva, de Joan D. Vinge.



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