Reseña "Cuando se abrió el abismo".

Acuciado por una amnesia postraumática, el ingeniero Santiago Marchena toma pluma y tintero para intentar revivir sus confusos recuerdos. Así comienza Cuando se abrió el abismo, una novela escrita por Carlos F. Castrosín, en donde narra las peripecias vividas por Marchena en un mundo steampunk, que al lector le resultará tan extraño como familiar.

Con un relato siempre contando en tercera persona y en pasado, se empieza por narrar la turbia vivencia de Marchena en su último trabajo, supervisando las obras del túnel que en el momento de la novela se está construyendo bajo el estrecho de Gibraltar, con la intención de unir los continentes de Europa y África. De repente, son sorprendidos por un evento sísmico que aísla a Marchena y a un reducido grupo de trabajadores en una parte sellada del túnel. Cuando intentan buscar una salida, encuentran unos extraños túneles, que han sido construidos hace decenas de miles de años en el lecho del Mediterráneo. No tardan en ser atacados por amonitas, unos fósiles vivientes, dejando a Marchena solo y aislado para finalmente ser rescatado por unos misteriosos individuos que visten una especie de rudimentarias escafandras de buzo...

Y lo que llama la atención de este relato no es el apartado de los fósiles vivientes, ni el de los túneles. Es que Marchena lo escribe con tintero y pluma, a la antigua usanza. Y lo que más me ha descolocado, las descripciones del entorno en donde Marchena se halla convaleciente, después de su confuso descenso a las profundidades de la Tierra.

Porque Marchena no está , aparentemente, bajo tierra. Está en un palacio, con jardines, bajo un cielo en donde el sol del día y la luna de la noche se suceden. Se encuentra en una ciudad llamada Kinklagámerum, y es una de las capitales del imperio de los Cinco Principados, tal como se nos muestra a los largo de los siguientes capítulos. Se trata de una sociedad de aspecto decimonómico, cuya tecnología es de corte steampunk, que recuerda mucho a los libros de Julio Verne y a la demás literatura de aventuras del siglo XIX.



Gracias a los cuidados del duque sea Bugala y su sobrino Amabadelo, Marchena consigue reincorporarse a esta exótica sociedad. Incluso ya puede defenderse en el idioma de ellos, cuyos escritos se disponen en líneas verticales. Rebautizado como san Tiago, Marchena se adentra en un mundo habitado por seres humanos, en donde abundan criaturas mitológicas y plantas extrañas. Aunque para los ojos del protagonista, al ser ingeniero, le llama más la atención la presencia de la incipiente tecnología, dominada por dirigibles, ferrocarriles, máquinas voladoras, indescifrables relojes capaces de predecir los cambios en el clima, puentes de proporciones ciclópeas, barcos impulsados por ruedas laterales y rudimentarios generadores de energía eléctrica. Las descripciones son tan precisas, que el lector puede cartografiar los Cinco Principiados o parte del callejero de Klinlangámerum.

Debido a que estaba agradecido a sea Bugala y a su nuevo mejor amigo Ambadelo por haber sido rescatado por ellos, además de que Marchena  siente una atracción romántica hacia la princesa Mazia, Santiago (o san Tiago) no tarda en participar en la defensa de la ciudad, pues el imperio está sacudido por un violento periodo de guerra civil. Ciertos militares del principado de Ionvengel han iniciado una campaña militar con la intención de conquistar todo el imperio, y Marchena no puede quedarse de brazos cruzados ante este conflicto, que tanto amenaza la vida de sus nuevos amigos.

Estamos pues, ante una novela de ciencia ficción que tiende a la fantasía, especialmente recomendada para esos lectores que se sientan atrapados en su realidad cotidiana y tediosa, en donde las aventuras, las misiones y los viajes por este misterioso imperio se van sucediendo. Se trata de una lectura que hará las delicias de los nostálgicos de Verne y de los fanáticos de las teorías de la Tierra hueca, en donde Marchena no para de hacer descubrimientos, algunos de ellos tan asombrosos como la verdadera identidad de san Yermaín y san Sipegue (dos compatriotas de Marchena que se quedaron atrapados en este misterioso mundo), o la existencia de una oscura realidad mística situada por encima de las nubes...

¿Conseguirá Marchena regresar a su vida anterior? ¿Logrará acabar con la guerra? ¿Y dónde se ubica este mundo en el interior de la Tierra? Encontrarán las respuestas a estas y a otras muchas preguntas leyendo Cuando se abrió el abismo, escrito por Carlos F. Castrosín.



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