A vueltas con el TPV...

No tengo efectivo encima. Esta frase ha sido la más usada para no comprarme un ejemplar de mi nueva novela !!!NÓOO!!!. A pesar de que, a día de hoy, todavía no sé si me lo decían de verdad o solamente era una excusa muy conveniente, esta maldita frase me provocó una fuerte y paranoica aversión contra la gente que usa dinero electrónico y que ya no sale a la calle con efectivo en metálico encima. Se ve que no estuvieron en España el 28 de abril del 2025 (día del apagón), o no han oído que hay que tener una reserva en metálico, en la dichosa mochila de emergencia que todos deberíamos tener en casa por recomendación de la Unión Europea.




El caso es que llegaba a sentirme igual que la protagonista de mi novela ¡¡¡NÓOO!!!, desnuda y desamparada en otro planeta, cada vez que oía la maldita excusa de la ausencia de efectivo en los bolsillos del potencial lector que dice estar interesado en mi obra, aunque temporalmente insolvente. Esta paranoia mía, que se estableció al vender por mi cuenta varios ejemplares de mi novela, cumpliendo así con el contrato de Terra Ignota Ediciones, caló hondo en mí. Sobre todo cuando empecé a preparar mi participación en la redición de la ExpOtaku en Coruña, que tendría lugar el 22 y 23 de noviembre del 2025, en donde pretendía vender mis libros, acumulados en mi piso durante estos últimos diez años de escritor que le cuesta despegar. ¿Qué iba a hacer si me venía un visitante queriendo pagarme con una tarjeta de crédito? Es un tema del que hablé en mi anterior entrada. Si quieren saber cómo me ha ido, lo cuento en el siguiente enlace.


Pues bien, como me había vuelto paranoico con el tema del dinero electrónico, intenté conseguir un lector de tarjetas de crédito, para usarlo en esos dos días de la ExpOtaku. Y tras consultar el asunto con la IA del buscador de Internet, decidí acudir a mi banco para ver si podían conseguirme uno de esos aparatos. Que por cierto, se denominan TPV (Terminal de Punto de Venta), cosa que ignoraba.

Aunque no era lo único que ignoraba... pero no adelantemos acontecimientos.

Primero, acudí a la sucursal de Santiago de Compostela, para ver si podían ayudarme con el asunto. Pero me dijeron que tenía que acudir al banco de mi localidad natal, porque era allí donde tenía mi cuenta. Así que me trasladé allá para ver si podían ayudarme con el dichoso tema. Y que conste en acta, estas visitas las hice un mes antes de la ExpOtaku, y en ambas informé de que iba a necesitar ese aparato para el 22 y 23 de noviembre, esos dos únicos días.

Y fue en el banco de mi localidad natal en donde el asunto empezó a embrollarse. Porque me dijeron que, para tener un TPV, antes tenía que darme de alta como autónomo, con todo el papeleo administrativo y fiscal que conlleva, incluyendo la visita a una gestoría. Acudí a una cercana, de Santiago de Compostela, en donde me informaron del papeleo que tenía que hacer para conseguir mi alta de autónomo, y así, obtener mi TPV.

Así que me pasé las siguientes semanas sopesando los pros y los contras. Al ver que el asunto era, por lo menos, asequible, la semana anterior a la ExpOtaku acudí a la gestora, donde me hicieron el papeleo, aunque al día siguiente tuve que acudir en persona a un edificio de la Xunta para que me dieran un documento necesario para conseguir mi alta de autónomo. Cosa que logré esa misma jornada. También, ese mismo día, llevé mis documentos de la alta a mi banco, a la sucursal de mi localidad natal. Y me dijeron que en un par de días ya tendría el TPV.

Iba con el tiempo tan justo, porque mi productividad como autónomo solamente se manifestaría en ese fin de semana de la ExpOtaku, y podría ser perjudicial para mi bolsillo que estuviese demasiado tiempo siendo autónomo (o al menos es lo que me han contado). Pero me ya me urgía conseguir el dichoso aparatito, porque había que acudir un día antes a la ExpOtaku para montar mi expositor de libros. Así que, un par de días antes, al no recibir novedades de mi banco, acudí en persona para ver si ya lo tenían. Me dijeron que ya me llamarían al móvil.

Y me llamaron, ese misma jornada, dos días antes de acudir a Coruña para montar los libros en mi mesa asignada. Me dijeron que no ofrecían ese servicio para solamente dos días de uso.

Y están leyendo bien. Me lo dijeron dos días antes del montaje, tres antes de la ExpOtaku...

Afortunadamente para los empleados de mi banco, soy una persona estoica, que ha aprendido a controlar sus impulsos animales, sobre todo en situaciones en donde los arrebatos de ira no son productivos, como es el caso de una comunicación telefónica... Porque me entraron ganas de gritarles ¡¡¡¿POR QUÉ NO ME LO HABÉIS DICHO HACE UN MES?!!!.

Es más, por qué no me lo dijeron en la sucursal de Santiago, antes de obligarme a hacer tantos viajes y de realizar el papeleo del alta de autónomo. ¡Tanto trabajo para conseguir el maldito TPV para nada! ¡¡¡Tirado a la basura!!! Porque lo recuerdo, les dije desde el principio que iba a ser solamente para dos días; ¡Dos únicos días! Lo había dicho claro desde el principio... ¡¿Por qué no me informaron entonces?!

Pero en fin, tuve que apechugar con mi alta de autónomo, de la cual, pedí a la gestoría la baja el día 23, después de haber participado en la ExpOtaku, consiguiéndola el día 24.

Y si hasta ahora no he comentado nada al respecto, es porque ya he presentado la Declaración de Hacienda ligada a mi alta de autónomo (Al menos, creo que ya la he presentado, que he estado estas últimas semanas peleándome con mi ordenador para hacer la declaración). Que valga la presente entrada para contar lo que no se relata en esos fríos documentos fiscales que mi declaración.

Ahora bien, después de lo que me ha hecho mi banco, estoy planteándome seriamente sacar mis ahorros de allí. Pero ya se verá. Porque acabo de firmar con Apuleyo para publicar un cuento infantil y, próximamente, no pararé de daros la brasa con el tema y os hablaré de ello con mayor profundidad, para promocionar los eventos de cuentacuentos que la editorial va a organizar.




Y espero que para entonces ya haya desterrado esa paranoia mía que me hace desconfiar de la gente que acude a mis eventos literarios sin llevar dinero en efectivo encima. Porque si me vuelvo a topar con un potencial lector que dice estar interesado en mi obra, pero que solamente paga con tarjeta de crédito o BIZUM, soy capaz de dejar a un lado mi disciplinado estoicismo y gritarle a la cara ¡¡¡¿USTED SABE LO DIFÍCIL QUE ES CONSEGUIR UN TPV?!!!.

Pues ahora, ustedes ya lo saben. Así que piensen en ello cada vez que presenten una tarjeta de crédito en un comercio. Puede que sea mejor que usen esa misma tarjeta para sacar dinero del cajero de su banco, antes que acudir con ella a una feria (como la de la ExpOtaku), convencidos de que todos los participantes disponen de un TPV o de una cuenta de BIZUM. 

Nos veremos.

Comentarios

Entradas populares