Reseña "Recuerdos del futuro (Flashforward)".
Trás del Bossón de Gibbs, los científicos destinados en el acelerador de partículas del CERN realizan un ambicioso experimento el 21 de abril del 2009. Sin embargo, justo cuando se inicia el experimento, todos los presentes se desmayan y muchos de ellos experimentan extrañas visiones. Visiones que no pueden explicar al instante, una vez que se han despertado, después de alrededor de dos minutos de desvanecimiento. Es el punto de partida de la novela Recuerdos del futuro (Flashforward), escrito por Robert J. Sawyer en 2001.
La trama prosigue con el terrible descubrimiento de que el fenómeno del desmayo no se ha dado solamente en el CERN. No tardan en averiguar que el incidente ha tenido lugar en todo el mundo, con evidentes consecuencias catastróficas. Millones de personas encontraron una muerte prematura por haberse desmayado en el peor momento y el peor lugar.
Y aquí viene lo más insólito del asunto. Cuando los supervivientes empezaron a contar sus visiones (los que las tuvieron), no tardan en llegar a la conclusión de que se tratan de experiencias futuras. En concreto, la conciencia de toda la humanidad ha sido proyectada, durante el periodo de los dos minutos del desmayo, al 23 de octubre del 2030, unos 21 años en el futuro.
Pero entre los científicos del CERN se encuentra Theo Procopides, el cual no tuvo ninguna visión al desmayarse. Gracias a las investigaciones sobre el fenómeno, en donde los afectados declaraban haber compartido sus visiones con terceras personas, verificando que se trataba de información real proveniente del 2030, Procopides no tarda en recibir una inquietante llamada telefónica. Alguien le ha visto en un periódico electrónico del 22 de octubre del 2030, en donde se informa sobre el asesinato de Procopides, sucedido el 21 de octubre del 2030.
Por consiguiente, Procopides inicia entonces una investigación para resolver su propio asesinato futuro, que se desarrolla en paralelo con la trama principal, en donde se intenta determinar si el experimento del acelerador de partículas ha tenido algo que ver con este salto global al futuro.
Gracias a esta trama policíaca de novela negra, en donde uno de los protagonistas intenta resolver su propio asesinato, la lectura de este libro se vuelve apta para todo tipo de lector, y no solamente para los aficionados del género de ciencia ficicón. Así, el lector que se atreva a enfrentarse a este libro, aprenderá nociones de física cuántica sin esforzarse. Conceptos tales como el cubo de Minkowsky, que se cita como argumento de que el futuro es inalterable y que, por lo tanto, las visiones percibidas no se pueden alterar. Lo que lleva a la confrontación entre la Interpretación de Muchos Mundos (IMM), o la Interpretación Transicional (IT), que son dos maneras distintas de ver el desarrollo del espacio-tiempo, poniendo como ejemplo la famosa paradoja del gato de Schrödinger. O la mención del Punto Omega, un concepto científico de repercusiones religiosas citado por el físico Tipler en su libro La Física de la inmortalidad...
En resumen, estamos ante una obra de ficción especulativa que acerca la ciencia al lector gracias, en gran medida, a las investigaciones de Procópides sobre su propia muerte y sus esfuerzos para impedirla. Una trama que culmina con una espectacular persecución en el mismísimo anillo del CERN, con aerodeslizadores y su propio monorraíl, que a mí me ha llegado a recordar al trepidante ataque en la trinchera de la Estrella de la Muerte de Star Wars...
No puedo terminar esta entrada sin mencionar la adaptación audiovisual de esta obra, la serie de televisión Flashforward, en la que se ha basado alegremente. Ya saben, esa serie que quedó cancelada porque le había afectado la huelga de guionistas de Hollywood, dejándonos sin final de la historia. Motivo por el cual ya apenas veo series de televisión, porque o las cancelan, o les cambian el horario, o no las terminan bien. La lectura de este libro me ha demostrado, una vez más, que es mejor leer libros que ver películas y series, porque la versión literaria tiene su principio, desarrollo y final, sin ninguna hiriente continuación. Es más, me ha llevado mucho menos tiempo leer este libro que ver la serie, lo que me sirve como argumento para arrojarle a la cara a toda esa gente que dice que no tiene tiempo para leer, pero le sobra para ver series de televisión.
No obstante, voy a comparar ambas obras, la original, y la adaptación seriada, para que los que han visto la serie se animen a leer el libro. Porque, además de que el flashforward literario es de varias décadas, y no varios meses, como en el flashforward televisivo, existe otra pequeña diferencia que provocará una gran inquietud al lector. Y es que en el libro, durante los dos minutos de desmayo, las cámaras de seguridad de todo el mundo no captaron este momento. En su lugar, grabaron nieve e interferencias. Lo que me llevó a pensar que el fenómeno tuvo su origen en el 2030, pues el mencionado Procópides había desarrollado un acelerador de taquiones, que son partículas que viajan más rápido que la luz, dando la sensación a un observador interno de que viajan hacia atrás en el tiempo...
Pero es una hipótesis que se descarta al final de la trama del 2009, cuando por fin se descubre qué fenómeno ha provocado el salto al futuro. Pero lejos de dejar los dos minutos de nieve como una falsa pista para confundir al lector inteligente, a la hora de explicar por qué las cámaras de todo el mundo grabaron interferencias durante el desmayo global, se llega a una conclusión aterradora, más propia del horror cósmico... Pero no lo voy a explicar aquí, para evitar innecesarios destripes.
¿Conseguirá Theo Procópides evitar su propio asesinato? ¿Qué ha provocado el flashforward? ¿Se puede cambiar el futuro? ¿Está vivo el gato de Schrödinger? Descubra las respuestas a estas, y a otras preguntas mucho más inquietantes, leyendo Recuerdos del futuro, de Robert J. Sawyer.



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